25 febrero 2009

¿De dónde vienen los nombres de nuestros cíclidos?

Todos manejamos términos como “especie, género, variedad, raza….” pero ¿realmente sabemos de lo que hablamos? En este artículo intentaré explicarlos y dar unas indicaciones de cómo se deben pronunciar correctamente los nombres de nuestros cíclidos. Evidentemente, todo lo dicho servirá para cualquier especie del mundo animal o vegetal.
Un género es el escalón que se ubica entre la familia y la especie; así, un género es un grupo que reúne a varias especies emparentadas, sin embargo, existen algunos géneros que son monoespecíficos (contienen una sola especie). A modo de ejemplo un género sería el Neolamprologus perteneciente a la Familia de los cíclidos. Si os fijáis cuanto más arriba nos situamos (en el gráfico) más similitudes tienen los individuos entre si. Dos peces, animales, plantas…de un mismo grupo comparten muchas características pero también hay otras que los diferencian. Si embargo en el nivel del género las igualdades son más numerosas.
¿Y qué es una especie? Pues se define a menudo como grupo de organismos capaces de cruzarse y de producir descendencia fértil. Mientras que en muchos casos esta definición es adecuada, hay casos en los que se necesitan de medidas más exactas o que diferencien más una especie de otra (sino pensad en los híbridos de nuestros cíclidos que son capaces de generar descendencia y no se catalogan como especie). Por ejemplo se usan métodos basados en la semejanza del ADN o en la presencia de rasgos local-adaptados específicos.
Se denomina variedad o subespecie a cada uno de los grupos en que se dividen las especies, y que se componen de individuos que, además de los caracteres propios de la misma, tienen en común otros caracteres morfológicos por los cuales se asemejan entre sí y se distinguen de los de las demás subespecies. Desde el punto de vista estrictamente sistemático o de la taxonomía, es la categoría taxonómica comprendida entre la especie y la raza. La subespecie es una parte de la especie formada por una o más poblaciones, poco diferenciadas y con una distribución regional concreta. Esta definición incluye las razas geográficas de muchos autores, lo que nosotros entendemos por variedad geográfica por ejemplo en los Tropheus sp. Sin embargo, no está muy clara la línea de separación entre los conceptos de raza y subespecie, pues ambos taxones mantienen las características propias de la especie, es decir, que parejas de individuos de distintas subespecies o razas (pero de la misma especie) se pueden emparentar y producir descendencia viable y fértil. Además, sólo se suelen diferenciar en caracteres externos menores aunque reconocibles y regularmente presentes.
El término raza se utiliza con más frecuencia fuera del ámbito científico, por lo que, en taxonomía, sólo se emplea (por tradición) para la distinción morfológica en un número muy limitado de especies, esencialmente los seres humanos y los animales domésticos.
¿Por qué nombramos así a nuestros peces? Los nombres de las especies son binominales, es decir, están formados por dos palabras que, debido a convencionalismos adaptados por la comunidad científica, deben escribirse en un tipo de letra distinto al del texto general, normalmente se hará en cursiva aunque también puede hacerse con la misma tipografía pero entrecomillado, en negrita o subrayado. De las dos palabras citadas, la primera corresponde al nombre del género al que pertenece y se escribe siempre con la inicial en mayúscula; la segunda palabra es el nombre específico y debe escribirse enteramente en minúscula y concordar gramaticalmente con el nombre genérico. Así, en Neolamprologus multifasciatus, Neolamprologus es el nombre genérico, multifasciatus el nombre específico y el binomio Neolamprologus multifasciatus es el que designa a esta especie de cíclido.
El nombre específico nunca debe ir aislado del genérico ya que carece de identidad propia y puede coincidir en especies diferentes. Si se ha citado previamente el nombre completo y no cabe ninguna duda de a qué género se refiere, el nombre del género puede abreviarse a su inicial (N. multifasciatus).
Bien, ya sé lo qué es una especie, variedad, raza, género… pero ¿por qué se utiliza el latín para designar a las especies? Pues es debido a que cuando el ilustre botánico sueco Linneo empezó a nombrar y clasificar plantas utilizó este idioma para ello. En esa época (y en la actual sigue siendo así aunque en menor medida) el latín era la lengua “oficial” científica, de tal manera que un artículo, conferencia o libro publicado en cualquier parte del mundo era entendible por cualquier científico. Además, el latín al ser una lengua muerta tiene una gran ventaja y es que no está sometida a las posibles variaciones que tienen todos los idiomas. El uso del latín para nombrar especies es una muy buena medida ya que imaginaos que si, por ejemplo, una misma especie de pez se nombra de diferente forma según en que zona de España estemos, el desaguisado que sería identificar y conocer a esa misma especie en todos los idiomas del mundo.
Los castellano parlantes tenemos ventaja a la hora de pronunciar correctamente los nombres en latín ya que el español es una lengua latina. Realmente, todo se pronuncia igual que en nuestro idioma menos en ciertos casos en los que hay que seguir una serie de normas que no son más que las utilizadas para pronunciar el latín clásico, así pues, tenemos: ·

  • Las vocales se pronuncian como en español, incluidos los diptongos. Pero la /i/ consonántica se pronuncia como la “y” española : iam=yam.
Las consonantes se pronuncian igual que en español salvo las siguientes excepciones:
  • La “c” delante de cualquier vocal suena como “k” española: fasciatus= faskiatus, furcifer= furkifer, multifasciatus= multifaskiatus.
  • La “g” siempre suena como la “g” española de gato: longior= longuior.
  • En lo fonemas “gu” y “qu” la “u” se pronuncia siempre: hecqui= ekkui.
  • La “ll” era una doble “l” por lo que habrá que pronunciarlas por separado: calliurus=cal-liurus.
  • La “x” final se pronuncia como “ks”: mustax=mustaks.
  • La “h” se pronunciaba con una ligera aspiración, pero esto era tomado como un signo de afectación por lo que no se pronunciará.
  • La “ph” sonará como “f”: tretocephalus= tretokefalus.
  • En lo diagramas “ch”, “th” y “rh”, la “h” no se pronunciará, por ello se leerán como si sólo estuvieran la “c”, “t” y “r”: pulcher= pulker.
  • La “j” no existe en latín clásico. En latín vulgar representa “i” y puede pronunciarse como “i” o como “y”: Julidochromis= Yulidocromis o iulidocromis.
Ahora unos ejemplos:
  • Simochromis marginatus= Simocromis marguinatus
  • Callochromis macrops= Cal-locromis macrops
  • Cyathopharynx furcifer= Kiatofarinks furkifer
  • Neolamprologus brichardi= Neolamprologus bricardi
  • Xenotilapia ochrogenys= Xenotilapia ocroguenis
¿Difícil? Si conseguimos pronunciar bien cualquier persona del mundo debería saber de qué especie estamos hablando. Con esto se dejan de lado las diferentes pronunciaciones de los idiomas y se llega a un consenso científico para que todos nos entendamos. Probar a pronunciar con detenimiento y veréis como muchas lo hacíamos mal. Por último decir que si se te hace imposible pronunciar con las normas que he comentado antes esta permitido por la RAE nacionalizar la pronunciación de cualquier idioma por lo que me imagino que con el latín también, así que tiene una excusa.
Pero ¿qué razones hay para poner uno u otro nombre? Pues bien, existen algunos aspectos universalmente adoptados por la comunidad científica para la formulación de la nomenclatura binaria. La persona que describe por primera vez una especie (su "autor") es la que tiene el privilegio de darle nombre. Cuando el autor elige asignar un nombre o epíteto específico derivado de un nombre propio, es a título de homenaje o reconocimiento, dedicándosela a un colega, amigo o familiar, en forma latinizada. Por supuesto, se considera de mal gusto y signo de egocentrismo que el autor se dedique la especie a sí mismo. Por ejemplo, todos sabemos que Neolamprologus brichardi esta dedicado a Paul Brichard. También se puede dedicar una especie a un organismo come es el caso de Tanganicodus irsacae en el que el nombre específico es en honor del “Institut de Recherche Scientifique en Afrique Centrale” (IRSACAE, acrónimo feminizado). En otros casos, los nombres se eligen en referencia a caracteres o propiedades del ser vivo que se nombra, p. ej. en Neolamprologus tretocephalus se nombró así por la característica de este pez de presentar agujeros sensoriales en su cabeza.


Bibliografía: http://es.wikipedia.org. Artículos consultados: “Especie”, “Nomenclatura Binomial”, “Subespecie” y “Latín”.
Ilustración de Peter Halasz.

Este artículo fue escrito para Riftmaniacos y ahora lo pongo aqui

2 comentarios:

  1. Excelente artículo, perfectamente explicado y muy grafico.
    Enhorabuena.

    Un cordial saludo.

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  2. Me alegro de que te guste.

    Un saludo
    Pedro

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